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Campanas del Santuario de la Virgen de Baños

Centinelas del Cielo, son los centinelas del cielo. Una composición de la tradición de Baños de Agua Santa


A 4498,2 km de tu ubicación

 

Campanas del Santuario de la Virgen de Baños

La aurora se despierta con tus sones que van llenando de luz el espacio infinito. Tus repiques, compases tintineantes con acentos variados, nos dicen que el día  acercándose y el alba presurosa se asoma a las ventanas mirando a escondidas con luces diamantinas, jugueteando con aves de colores brillantes y cadenciosos  ánticos, que ponen nuestro espíritu en frenético encuentro con las horas.

Las siete campanadas que surcan por el aire, llegan para decirnos que actuemos presurosos, que la escuela se apresta a recibirnos para pasar en ella momentos de genuino alborozo y al obrero, le musita al oído que el trabajo comienza.

El sol se acerca a su cenit, ya suenan nuevamente las campanas, son once toques vibrantes preludio de Ia mitad del día. El cuerpo se estremece con rutilante ánimo, se
acerca ya las doce que surge majestuosa con doce campanadas de ostentoso latido y en rumboso bullicio salimos presurosos a henchir nuestras calles con generosos gritos y pasos presurosos, para llegar a casa y recibir besos y bendiciones de la madre que espera.

Las campanas cantan, están de júbilo, son otras cadencias musicales; están de fiesta y muestran su placer con toques de alegría. Es el mediodía, es octubre y los priostes se regocijan con la banda de música, que entona las canciones que ponen el espíritu en placentera calma.

Las cinco de Ia tarde, son cinco campanadas que nos dicen que la tarde se marcha, que pronto entrará ya la noche y con ella los juegos infantiles a la luz de la luna, que vendrá asomando su silueta de luz pálida a través de los montes.

De nuevo las campanas, es el toque del Ángelus, el ocaso se acerca presuroso, nos llaman al Rosario. En el templo se respira un aire de paz que contagia a nuestras vidas;
entramos sigilosos haciendo más hondo el silencio; las Letanías resuenan melancólicas y el repique de la Bendición despierta nuestro letargo y casi somnolientos, tomados de Ia mano, marchamos presurosos a buscar el abrigo de las sábanas blancas que arrullarán sueños de infantiles recuerdos.



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