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Cultura en Baños de Agua Santa

Las primeras lecturas que inundaban el conocimiento de los baneños, enseñanza en libros y maestros. Fábulas, poemas historia, cultura.


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Lecturas Predilectas

La escuela en verdad era el templo del saber. Todo lo que los niños podíamos conocer era a través de ella. Por supuesto que aprendíamos de nuestros padres y de la comunidad, pero la cultura nos llegaba a través de los libros y de los maestros. Los conocimientos que de ella obtuvimos hasta ahora han perdurado en nuestra memoria. Las canciones patrias, los poemas infantiles, la historia de nuestros héroes, la historia sagrada, las fechas cívicas, las matemáticas, la geografía y las ciencias salen a flote cuando nos toca ayudar a los nietos en sus deberes y ellos se quedan sorprendidos que un "viejo" sepa lo que ellos están aprendiendo. 

Yo sé que muchas cosas han cambiado y que ahora puede ser más difícil estudiar porque existe una gran cantidad de conocimientos nuevos, porque la vida es más vertiginosa, porque la tecnología nos ha llevado a situaciones, en muchos casos, casi inverosímiles, pero indudablemente que nuestra escuela era maravillosa: los maestros desmenuzaban tanto los temas que era imposible no aprenderlos; lo repetían cuantas veces era necesario hasta que todos los alumnos dominemos los conocimientos. Hoy en cambio, todo se hace "a la carrera", dejando a los padres la obligación de completar en casa lo que no se puede analizar en clases. 

Cuando aprendimos a leer y pudimos comprender la lectura, esta se tomó interesante porque nos abrió las puertas hacia el conocimiento de otros mundos, de otras situaciones de la vida y podíamos viajar con nuestra imaginación. iQué hermosos libros de lectura aquellos!: Semillitas, Hogar y Escuela, Escolar Ecuatoriano, lugar Natal, Leamos, Mi Amiguito, Amparito, Ecuador, Jilguerito, todos ellos con sabias enseñanzas, con bellos poemas, con adivinanzas, con prosopopeyas, con anécdotas, con historietas, con leyendas, con fábulas. Quién no recuerda: "Dulce jilguero vente conmigo/ mira tu jaula qué primorosa/ seré tu encanto, seré tu amigo/ y haré tu vida siempre dichosa. Hermoso niño, son mis tesoros/ los verdes campos donde he vivido/ y al verme esclavo tras rejas de oro/ prefiero libre mi pobre nido". O también Generoso Solecito:

Fábulas

"Cuando por el oriente se levanta el sol/ las aves le cantan un himno de amor/ tú nos das la vida, tu nos das calor/ tú alumbras la tierra generoso sol/ tus bienes repartes de manera igual/ al rico y al pobre doras el trigal;" Otro poema hermoso, Amor Filial: "Yo adoro a mi madre querida/ yo adoro a mi padre también/ ninguno me quiere en la vida/ como ellos me saben querer"; poemas estos de ingenuidad y de amor puro. El Alfabeto para un Niño de José Joaquín de Olmedo, nos llenaba de enseñanzas y de amor a la patria: "Amor de Patria comprende/ cuanto el hombre sabe amar/ su Dios, sus leyes, su hogar/ y el honor que los defiende." Oración al Libro de Gastón Figueira es otro poema grandioso: "Oh libro amigo mío que ennobleces mis manos" Así mismo, quién no recuerda la fábula de La Zorra y las Uvas, o la de El Colibrí y el Cóndor o la Tortuga y la Liebre

La vida de las personas está ligada a ciertos intereses que tienen que ver con la edad.

Talvez esto no se comprendía anteriormente y nuestros padres obligarnos a leer libros de adultos cuando nosotros aún éramos niños, porque creían que aquellla "revistitas" no podían darnos buenas enseñanzas. Sin embargo, nosotros, ávidos por la lectura y dando "rienda suelta" a nuestros intereses, a escondidas nos deleitábamos con todo aquello que nos gustaba. En esa edad niña, quién no leyó: La pequeña Lulú, Periquita, Tom y Jerry, El Ratón Miguelito, El Pato Donald, El Pájaro Loco, Los Tres Chanchitos, Lorenzo y Pepita, Tartán, Supermán, Neutrón, Santo el Enmascarado de Plata, Chanoc, Tawa, El Llanero Solitario, Hopalong Cassidy , Red Rider, El Zorro, Robín Hood, Aquamán, Popeye, Roy Rogers el Rey de los Vaqueros y los cuentos de Las Mil y Una Noches con Aladino y la Lámpara Maravillosa, Barba Azul, Ali Baba y los Cuarenta Ladrones, La Alfombra Mágica, Pulgarcito. 

Años más tarde ya entrando a la pubertad, las lecturas preferidas eran las de nuestra historia: Leyendas del Tiempo Heroico, Leyendas coloniales, y una serle de folletos y revistas sobre nuestros héroes. A estas lecturas ya se sumaban hermosos cuentos largos como: Azul, Platero y Yo; los cuentos de Horacio Quiroga: "Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte;" y entraban a formar parte de nuestras vidas los poemas de amor que nos inspiraban a escribir aunque sea acrósticos. 

La adolescencia, hermosa e inigualable edad, nos encuentra despertando hacia el amor y la aventura, entonces nuestro interés da una vuelta hacia las novelas de amor como Amalia, Cumandá, María, Atala, A la Costa y a las novelitas de vaqueros y de aventuras amorosas.

Marcial Lafuente Estefania era el mejor escritor de novelas de vaqueros. Editadas en un formato pequeño de no más de 120 páginas, su lectura nos cautivaba de principio a fin. Siempre la misma trama, pero llena de situaciones que no permitian dejar para otro momento conocer el final. El héroe, un hombre alto de más de dos metros, que sacaba los revólveres a la velocidad de un rayo para impactar el tiro entre ceja y ceja del adversario; pero lo que más nos emocionaba, eran los momentos que transcurrían entre el encuentro frente a frente de los pistoleros y el tiro final que hacia desplomarse al antihéroe. Las 120 páginas nos devorábamos máximo en una hora y quedábamos satisfechos, listos para intercambiar la novelita con otros lectores o para Ira alquilar donde el Moreta o donde don Julio Sanipatín.

Corín Tellado era la reina de las novelas de amor. Historias hermosas entre enamorados. Mujeres jóvenes y bellas que siempre buscaban su príncipe azul eran protagonistas de intensas aventuras, unas alegres y otras tristes, pero siempre con un final feliz. Los lectores nos adentrábamos en ellas y nos sentíamos ser los personajes de aquellas historias. Más tarde vino la literatura seria y con esta, nuestra madurez.

Autor: Rodrigo Herrera Cañar



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