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El Sacha Runa

La aparición de una extraña criatura, cada persona la describe diferente pero aseguran que sus pies no tiene dedos. Descubre el sorprendente relato.


A 4497,9 km de tu ubicación

Leyenda El Sacha Runa

Era un indio montés que habitaba en las estribaciones cordilleranas donde nacían los ríos orientales. Asaltaba a los viajeros y a los buscadores de oro. Los esperaba a orillas de los ríos, en las encrucijadas, donde asaltaba sorpresivamente al caminante desprevenido y lo hacía morir torciéndole el cuello.

Según referencias era un personaje gigantesco de cuya fuerza no se liberaba ni el más robusto viajero. No era caníbal ni ladrón, pero muy peligroso porque decían que era compactado con el diablo. Huía del agua bendita, la candela y del signo de la cruz trazado en el aire con machete de acero.

Aunque nadie era capaz de dar una descripción precisa, sin embargo quienes habían logrado escaparse tenían impresiones diversas. Unos ponderaban su cabellera larga que cubriéndole el rostro le llegaba a la cintura.

Otros decían que tiene dos caras una para atrás, otra hacia adelante. De igual manera sus pisadas carecían de dedos. Las huellas dejadas en el fango o en la arena no correspondían a pies humanos. 

Refería un antiguo viajero que contratado con otros de la misma ocupación se habían encaminado al oriente con destino a Barrancas (actual Mera). A más del equipaje contratado llevaban provisiones de supervivencia: pinol, panela, fósforos y una bota de trago.

Salieron de Baños una madrugada acompañados de perros cazadores. De las faldas del Añango pasaron por Yunguilla y Río Verde a acampar en el tambo de El Mirador. Al día siguiente llegaron al Topo, río turbulento de arenas auríferas. Constituía valiente aventura atravesarlo.

Improvisaron un puente de guadúas y amarrados a la cintura con vetas, en caso de perder el equilibrio. Llegaron al pie del cerro El Abitagua donde empezaba la interminable subida hasta la cumbre donde se hallaba el último tambo del viaje. Había que llegar temprano para evitar las correrías nocturnas del tigre. 

El tambo abandonado la mayor parte del tiempo, despedía un tufillo de humedad que exigía encender la fogata tanto para que disipe los malos olores como para ahuyentar a zancudos, mosquitos y a las víboras agazapadas en algún ángulo de la ramada. 
Vencidos por el cansancio cada quien tendióse junto a la hoguera después del pinol y un sorbo de aguardiente. Ante el agotamiento el sueño tornóse pesado hasta la insensibilidad frente a la acción de hormigas y otros insectos de menor cuantía. De pronto un grito funesto hizo despertar sobresaltados.

Era la madrugada. En la brasa del alero humeaban en rescoldos moribundos los últimos tizones. 
Nuevo grito exaltó el nerviosismo. Los perros ladraron en arremetidas continuas y en momentos corrían asustados.

viajeros que habían empinado la bota salieron envalentonado con machete en mano. El más arrollado asestó el olpe sobte el bulto inmediato pero el arma quedóse amordazada.

 El sueño huyó definitivamente y comenzaron los preparativos para continuar la marcha. Los primeros rayos permitieron desde la cumbre de la montaña reconocer las pisadas del Sacha Runa en las cercanías del tambo. El machete lanzado con impulso había caído sobre un tronco de figura extraña.

 Hasta hoy los montañeses del Topo y el Abitagua hablan del personaje mítico cual fuese realidad viviente y experimentada por muchos de ellos.

  • Libro: Leyendas y Tradiciones de Baños
  • Autor: Enrique Freire Guevara


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