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Historia de la Planta Eléctrica en Baños

Historia de cómo obtuvo la luz eléctrica Baños.


A 4498 km de tu ubicación

Planta Eléctrica

Por aquellos años de nuestras historias, Baños no tenía luz eléctrica. Las noches de invierno eran frías y muy oscuras, contrastando con las de verano, plácidas y claras que nos permitían admirar los contornos de los montes y mirar los "carbunclos", cuya luz se prendía y apagaba detrás de los árboles; igualmente, el titilar luminoso de las luciérnagas, el graznido de la lechuza y el aullar melancólico de los perros caseros. En cada lugar: en la cocina, en el comedor, en los dormitorios había una vela de parafina que alumbraba pequeños espacios. Estas las adquiríamos en las tiendas, por paquetes de a cinco que costaban un sucre, dos sucres o cinco sucres de acuerdo al tamaño de las velas. Pero también comprábamos en la iglesia y resultaba muy barato, ya que muchas de ellas estaban casi completas porque los sacristanes las retiraban sin consumirse en su totalidad. 

La lámpara Petromax era de excelente ayuda. Aún se puede encontrar en las casas de antigüedades, pero dudo de que se puedan utilizar porque ya no existen las camisolas. Para prenderlas se tenía que poner un poco de alcohol en un recipiente muy pequeño que estaba en el interior de la lámpara, el alcohol se encendía y calentaba la camisola que era una especie de foco de un material especial, como de tela. Una vez que la camisola comenzaba a cambiar de coloración a un rojizo tenue, se daba bomba y se habría una pequeña llave. La camisola comenzaba a brillar, dando una luz excelente. Todavía no sé cómo esa tela no se hacía ceniza al prenderla, pero si sé que al tocarla, desaparecía en nuestras manos.

También nos servia mucho la lámpara de queroseno. Esta funcionaba con una mecha que chupaba el líquido de su recipiente y permanecía prendida por algún tiempo. Los candiles y faroles eran asimismo nuestros aliados de luz. Los trapiches molinos y aserraderos eran hidráulicos. El agua traída por acequias desde el Batzcún, movían grandes ruedas que hacían girar las masas trituradoras y los motores. Para planchar la ropa se utilizaban planchas que se calentaban con carbón. Las amas de casa, los sastres y modistas tenían que salir cada momento a las puertas de las casas o de sus talleres a soplar el carbón para que arda y a remover las cenizas. 

En la década de 1940 y parte de 1960, existió en Baños una planta de luz hidráulica que estaba ubicada en Chamana y que era movida por la fuerza de las aguas del rio del mismo nombre. Esta "planta" distribuía una luz muy tenue que alumbraba poco, por lo que teníamos que ayudarnos con los objetos ya nombrados y también con los elevadores de luz, cuando queríamos utilizar el radio u otro aparato eléctrico.

Al mismo tiempo, en el edificio del Concejo Municipal, en el espacio en donde hoy está la biblioteca y otras oficinas, funcionaban dos grandes generadores a diesel que proporcionaban luz hasta las nueve de la noche, quedando solamente de servicio la planta de Chamana. La luz que suministraban, servia para abastecer el alumbrado público, que también era deficiente. En cada esquina habla un poste de madera de eucalipto. En la parte superior pendia un tubo arqueado en su punta, en el que se colocaba una "pantalla" de hierro enlozado y una boquilla en la cual se instalaba un foco de cien "bujías". Estos focos eran fácil presa de los muchachos que afinaban su puntería con las "flechas". Don Rafael Morales, Gonzalo y Pepe Sánchez Villalba, don Juanito Paredes, eran los electricistas encargados del mantenimiento 
 

de las "plantas", de abastecer de luz al pueblo, de cuidar del alumbrado público, de leer los medidores y de entregar las facturas a los consumidores.

Todas las tardes, desde las 18h00 y las mañanas desde las 6h00, iban de esquina en esquina, de poste en poste, con un largo palo que terminaba en una argolla, subiendo o bajando los swiches para apagar o prender los focos de las esquinas. Cuando había algún desperfecto, subían a los postes con dos largos fierros en sus pies a manera de garras y sujetados a este, por una correa que llevaban en su cintura. Los muchachos quedábamos admirados viéndoles "trepar" asi, muy fácilmente. A estos fabulosos electricistas que aprendieron su oficio a base de su experiencia, se sumaron Carlos Sánchez, don Jorge Pazmiño y Fausto Reyes. En aquel año de 1959, quizás el más importante para Baños por las grandes obras que se inauguraron, comenzó a funcionar la planta eléctrica hidráulica de Puntzán. Esta planta era grande y sus turbinas eran movidas por las aguas del río San Antonio. Desde lo alto de la montaña se deslizaba el agua con la fuerza necesaria para que las máquinas produzcan los kilowatios requeridos. El problema de la luz eléctrica estaba solucionado. Solamente los lunes por la mañana se cortaba la energía para dar el mantenimiento que necesitaba la maquinaria.

Alguna vez, por causa de aquellos inviernos fuertes que se producían, hubo un deslizamiento de tierra que tapó el acueducto, sumiendo a Baños en tinieblas. Pasaron unos días sin que se dé la solución debida, por lo que las fuerzas vivas del cantón comenzaron a movilizarse y a organizar una gran minga. Las damas recorrieron los comercios y los trapiches pidiendo la ayuda necesaria que no se hizo esperar y el día señalado, hombres, mujeres, niños y adultos, con pico y pala y una "tonga," en las volquetas del Municipio, en los pocos carros que había o a pie, nos trasladamos a Puntzán. Fue una fiesta grande. las damas servían deliciosos alimentos y el sabroso "puro" de Baños y los hombres con alegría y con fuerza trabajamos por horas, hasta que en la tarde quedó todo limpio. Esta minga fue la demostración de la unión del pueblo y de lo que se puede alcanzar cuando se actúa sin egoísmos

Autor: Rodrigo Herrera Cañar



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