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Servicio a la Patria Baños

Los jóvenes anciosos por servir a la Patria, a los baneños nos inculcaban el amor a la Patria. Así se expresa Rodrigo Herrera Cañar.


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Patriotismo Baños Ecuador

La escuela y el colegio eran los encargados de fomentar en nosotros el amor a la patria. Ese cariño a todo lo que ella significaba, iba creciendo cada lunes con la "hora cívica" y en cada conmemoración de una fecha histórica importante. Las marchas y canciones cívicas que entonábamos casi diariamente, henchía nuestro espíritu de una sensibilidad a lo patriótico que se proyectaba en un respeto total a los símbolos patrios: la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional

Servir a la patria era la consigna de todo joven y para ello se creó el Servicio Militar Obligatorio que debíamos realizar todos los hombres que hubiésemos cumplido 19 años. Aquellos que pasaban ese límite y que eran reclutados para cumplir con este servicio, eran llamados remisos. 

El Servicio a la Patria

Muchos jóvenes esperaban con ansias llegar a esta edad para irse al "cuartel" porque sentían esa vocación de servicio y sobre todo porque esta era una prueba de hombría que les hacia sentirse diferentes, una especie de superhombres que vestían de verde, que manejaban armas, que realizaban ejercicios extenuantes, que pasaban una serie de aventuras que elocuentemente las narraban, que tenian que aprender a sobrevivir en un mundo en donde siempre había alguien o muchos que fungían de vivarachos, fortachones o "inteligentes" que querían manejar a los demás, o también Clases y Oficiales que gozaban con el castigo y el trato fuerte a los "coshcos". El servicio militar les servía para relacionarse con otras personas de su misma edad; gente campesina tenía la oportunidad de llegar a las ciudades, o lo contrario, gente de ciudad tenía que irse al oriente, a los destacamentos de la selva amazónica, de los cuales no salían continuamente. Experiencias importantes para los serranos que iban a la Costa y para los costeños que venían a la Sierra. Era una amalgama de situaciones asombrosas que aún los adultos mayores las siguen contando a sus nietos, como las hazañas más importantes de su vida y que son motivo de vanagloria personal. 

Pero así mismo, como había jóvenes que se presentaban voluntariamente, otros rehuían cumplir la "conscripción" porque no deseaban pasar todas aquellas situaciones que narraban sus antecesores. Esta era la razón por la que no se llegaba al cupo requerido. Cuando esto sucedía, inesperadamente llegaban camiones del ejército con personal militar, casi siempre los domingos, y reclutaban a todos los jóvenes que creían que tenían la edad necesaria para cumplir con el servicio a la patria. Muchos eran llevados casi a la fuerza. Pero como la noticia se filtraba y corría de boca en boca, muchos jóvenes se escondían en sus casas y no salían hasta cuando el peligro pasaba. Los padres de quienes fueron "escogidos" tenían que acudir a Ambato o a la Shell en busca de sus hijos, unos llevándoles la ropa y otros a presentar las excusas para que su hijo no sea acuartelado. Llantos de despedida se podía ver cuando los camiones partían con sus jóvenes pasajeros y no faltaban las bendiciones de las madres para que a su hijo le vaya bien. 

En uno de aquellos años, fueron llevados al cuartel de La Shell algunos jóvenes, entre otros: Alberto Sarabia, Víctor Sarabia, Enrique Sánchez, Pepe Vieira, Rodrigo Castro, Cirito Caicedo y Pepe Velástegui, si no me equivoco, fueron de remisos. La conscripción de estos baneños fue muy singular, porque debido a algunas cualidades especiales: la música y el deporte, gozaban de ciertas prebendas como los permisos que recibían Cinto y el señor José Velástegui, para que vengan los domingos a jugar fútbol en el Montalvo o en la selección de Baños, pues eran las piezas claves dentro de estos equipos. Con sus cabezas rapadas, orgullosamente con el uniforme militar, venían a Baños. Todos esperábamos que llegaran, porque la confianza depositada en ellos era presagio de victoria en cada encuentro disputado. 

Otro grupo, de los tantos jóvenes baneños que se fueron al cuartel, recuerdo al de Marcelo Medrano, Hugo Cañar y Hugo Lafebre. Estos se presentaron en Ambato y fueron enviados a Gualaquiza. En aquellos tiempos, no había carreteras hacia esos puntos fronterizos. Las experiencias narradas por ellos fueron fabulosas. 
Vicente "Cañola" García, Juan Jácome y Manuel Urquizo también se fueron al ejército. Los dos primeros eran del club Milán y por lo tanto de nuestra "gallada". A ellos se sumó Gabriel Villegas, que sin tener la edad suficiente, pues apenas tenia 16 años, siguió a sus amigos, se presentó y fue aceptado. Esto fue un acto de orgullo para el "loco" que se jactaba de su proeza. 

En esta ocasión sucedió un hecho lamentable. Manuel Urquizo fue enviado a realizar el servicio militar en Manta. En la inauguración del estadio Jokay, fue destinado a resguardar el orden en ese escenario deportivo. Desgraciadamente, la gente que se habla quedado afuera, rompió las puertas del estadio y Manuel quedó atrapado debajo de estas y fue asfixiado por la muchedumbre. Ese hecho lamentable lo vivimos los jóvenes de esa época que éramos sus amigos. Su madre, doña Zoila, sufrió mucho la pérdida de su hijo y me parecía al verla, que nunca se resignó a esa realidad, porque siempre tenia la tristeza dibujada en su rostro. 
El Servicio Militar significó un hecho trascendental en la vida de los jóvenes que cumplieron con este deber. 

Autor: Rodrigo Herrera Cañar



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